Sarajevo, francotiradores y la visión de la humanidad.
13 de junio de 2026Cuando Anja Niedringhaus fue enviada a la guerra en la antigua Yugoslavia para la Agencia Europea de Fotografía de Prensa (EPA) a principios de la década de 1990, probablemente no imaginaba que este conflicto marcaría los años venideros de su vida. Para la joven fotógrafa, los Balcanes se convirtieron en el lugar que forjó su carrera profesional y en el inicio de una trayectoria extraordinaria.
Tras adquirir experiencia inicial como periodista local en Höxter, estudiar en Göttingen e iniciarse en el fotoperiodismo profesional, Niedringhaus obtuvo un puesto fijo en la EPA en 1990. Dos años después, fue enviada a una Europa repentinamente sumida de nuevo en la guerra.
La guerra a las puertas de Europa
Las guerras en la Yugoslavia en desintegración sacudieron Europa. El asedio de Sarajevo, en particular, se convirtió en un símbolo del conflicto. La capital bosnia estuvo sitiada entre 1992 y 1996. Francotiradores controlaban calles y plazas, y los bombardeos caían a diario sobre zonas residenciales. Para los habitantes, incluso el trayecto al mercado o a la escuela se convirtió en una amenaza para la vida.
En su primera misión en Sarajevo, experimenta la cruda realidad de la guerra en carne propia. Un francotirador alcanza su chaleco antibalas. Sobrevive, pero la experiencia deja claros los riesgos a los que se enfrentan los periodistas de guerra. Más tarde, sufrirá nuevas heridas: en un accidente de tráfico en Belgrado, por metralla en Kosovo e incluso en un ataque aéreo accidental de la OTAN contra un grupo de periodistas. A pesar de todo, sigue regresando.
Las personas detrás de los titulares
Cualquiera que observe hoy las fotografías de Niedringhaus tomadas en Sarajevo, Mostar o Pristina descubrirá algo sorprendente: los tanques o las armas rara vez son el centro de atención.
En cambio, fotografía a niños jugando al fútbol entre coches destrozados. Gente buscando refugio de francotiradores. Familias intentando mantener su rutina diaria. Adolescentes riendo entre las ruinas. Mujeres y hombres que siguen adelante a pesar de todo.
Esta perspectiva se convierte en un sello distintivo de su obra. Niedringhaus no solo se interesa por los acontecimientos militares, sino también por su impacto en la vida de las personas. Sus imágenes retratan no solo la destrucción, sino también la dignidad, la esperanza y la resiliencia.
Sarajevo como escuela de vida
Niedringhaus pasó casi una década en repetidas ocasiones en las zonas de guerra y regiones en crisis de los Balcanes. En ocasiones, incluso vivió y trabajó en Sarajevo. La ciudad se convirtió en un punto clave en su trayectoria profesional.
Aquí aprende a trabajar en condiciones extremas. Aquí desarrolla su instinto para captar el momento decisivo. Y aquí forja la convicción que más tarde expresaría con frecuencia: si los acontecimientos no se documentan, desaparecen de la conciencia pública.
Las fotografías que envió a Alemania desde Sarajevo, Mostar, Tirana y Pristina entre 1991 y 2000 aparecieron en periódicos y revistas internacionales. Estas fotografías visibilizaron el sufrimiento de la población y contribuyeron a que los conflictos en los Balcanes no cayeran en el olvido.
Más que un fotógrafo de guerra
Los años en los Balcanes sentaron las bases de todo lo que vendría después. Más tarde, Niedringhaus documentaría los atentados del 11 de septiembre, trabajaría en Afganistán, cubriría la guerra de Irak y sería galardonado con el Premio Pulitzer.
Joelle Czampiel
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